En recientes análisis, se ha determinado que el 99,7% de los incendios forestales en el país son producto de la negligencia humana. Ejemplos de ello son el fuego en San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, y el siniestro ocurrido en Santa Mónica, Litueche, que se posicionan como focos críticos en un contexto de elevada alerta ante la inminente temporada de incendios. En la capital, el fuego se extendió en pastizales y matorrales trasero del estadio Claro Arena, afectando aproximadamente 800 hectáreas, según datos preliminares de la Corporación Nacional Forestal (Conaf).
Con respecto a las previsiones estacionales, Paula Santibáñez, jefa del Observatorio Climático de la Facultad de Ingeniería de la Universidad San Sebastián, destaca que la temporada 2025-2026 presenta un escenario marcado por temperaturas superiores a la media y precipitaciones bajas o en el rango inferior, lo que favorece la presencia de combustibles secos y aumenta el número de días críticos. Los pronósticos de la Dirección Meteorológica de Chile indican un periodo seco en el tramo Arica-Parinacota a Valparaíso y lluvias por debajo de la media en la zona comprendida entre Biobío y Los Lagos, resaltando además un predominio de altas temperaturas a lo largo del país. Los valles interiores, sectores de precordillera y la interfaz urbano-rural de las grandes ciudades se mantienen como áreas especialmente vulnerables, amenazando directamente viviendas si se produce la propagación de las llamas.
El factor de riesgo no se limita únicamente a episodios puntuales de calor. Romina Parraguez, prevencionista de riesgos y académica de la Universidad Andrés Bello, explica que la combinación de lluvias tardías hasta septiembre, que impulsaron el crecimiento de pastizales y arbustos, con olas de calor, viento y noches cálidas que inhiben la formación de rocío, han generado un material inflamable de alto riesgo. Por su parte, Alberto Alaniz, académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental de la Universidad de Santiago, apunta que el cambio climático, intensificado desde la denominada “megasequía” iniciada en 2010, ha creado condiciones ideales para incendios de alta intensidad en la zona central de Chile. Este fenómeno se agrava con el crecimiento poblacional en áreas de alta carga vegetal y prácticas negligentes o intencionales que elevan el peligro.
En cuanto a las medidas de respuesta, se ha observado un notable refuerzo en la preparación operativa de Chile. La coordinación entre Conaf, Senapred y bomberos ha mejorado mediante el incremento de brigadas, aeronaves y establecimiento de cortafuegos destinados a salvaguardar viviendas e infraestructuras críticas. Sin embargo, Santibáñez enfatiza que la verdadera capacidad de respuesta se mide por la eficacia en la contención de los focos en la interfaz, donde persisten desafíos como la expansión urbana sin estándares adecuados, desigualdades en infraestructura de protección y la consecuente alta incidencia de incendios asociados a causas humanas.
Parraguez subraya que, a pesar del incremento en recursos técnicos y presupuestarios, el principal reto reside en modificar comportamientos. Según explica, ninguna inversión será suficiente si no se fomenta una conciencia ciudadana que evite acciones cotidianas de riesgo, como el descuido con colillas de cigarro, herramientas que pueden generar chispas o asados sin el adecuado apagado.
Ante este panorama, los especialistas coinciden en que la prioridad inmediata es reducir el número de igniciones y ganar tiempo en el combate inicial durante días críticos. Las medidas urgentes comprenden restricciones al uso de maquinaria generadora de chispas, sistemas de vigilancia y detección temprana, y el despeje preventivo de vegetación seca en zonas residenciales. En el mediano y largo plazo, se hace necesario un enfoque de planificación territorial que limite el avance urbano en áreas de alto riesgo, estableciendo pautas claras para la interfaz urbano-rural, mantenimiento constante de cortafuegos y el fortalecimiento de la educación y prevención comunitaria, aspectos esenciales para diferenciar entre un incidente controlable y una tragedia.
Autor: Roberto Sánchez
